Reflexiones…

A veces me siento tan ajena a los comentarios y al estilo de vida de la gente que observo, que sí, me siento distinta, rara.
Veo la maldad en sus palabras y la falsedad en quien las escucha que, esa actitud, hipócrita, me entristece. ¿Porqué? me lo pregunto tantas veces y no encuentro otra respuesta que el agotante transcurrir de los días en el mismo contexto, con personas vacías, que confunden al malo con el listo, y al bueno con el tonto; que hablan de sentimientos que son contratos, pactos. ¿Cómo se pueden relacionar de forma tan simple emociones e ideas? ¿Qué tan gratuitamente se lanzan consideraciones tan injustas, tan malvadas, de parte de quién no tiene criterio, de quien no ha dedicado un par de minutos seguidos en ser un poco mejor persona?
Este mundo no es el que me gustaría. Crecí, no ciega de todo esto, pero en distinta forma; los años iban cargando sutilmente estos baúles de palabras y miradas, ahora, con mis treinta años, rehúso convertirme en lo que no quiero.
De mi madre aprendí mucho el valor de todas las cosas, del momento presente, el tiempo que estás con tu familia, los amigos que en verdad lo son, las palabras que aprendí… a usarlas con razón, a dar de mí lo mejor, a procurar la felicidad de los que están a mi alrededor, a respirar y saborear esto, la hierba sobre la que me tumbo, el sonido de la vida en mis oídos, el azul intenso o la tormenta en el cielo, el mar, el sol, el sentir de otros, el respeto a los demás, a no desperdiciar mis latidos.
Me encanta escuchar su voz, sus reflexiones, me dan calor. El calor de una palabra cargada de meditaciones, de sabiduría e ingenuidad al mismo tiempo…
Es la persona más bonita que han visto mis ojos, y la primera, la que ha nutrido mi yo, aportándome como sabiduría ancestral el conocimiento sobre el ser humano, puliendo y convirtiendo en luz mis cegueras, inculcando la justicia sin leyes propias, sino regándome como a un árbol y dejando que me expanda y crezca, observando mis conclusiones como flores, viéndome crecer errando y aprendiendo, ingenua pero luchadora, creando resistencia, entrenándome como corredora de fondo, y así estoy, en este aprender imparable que es la vida, con el mejor sustento que jamás pudiera existir, el amor, las palabras y miradas de mi madre, ella en mí en cada respiración, escribiendo lo que siento, con la misma entrega que hay en sus cuadernos llenos de vivencias, en el escudriñar de un sentimiento, sacando la pulpa de una lágrima, y dibujando la plenitud de una sonrisa.
TE QUIERO

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